¿Que es Procrastinar y qué métodos existen para dejar de hacerlo?

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Se dice que la palabra procrastinar es un virus que trajo el Internet. Pero no un virus de esos que dañan a tu PC y te exigen llevarlo a un experto para restaurar tus archivos.

El procastinar es una epidemia global muy silenciosa. De acuerdo a estudios, la tasa de personas que padecen de este contagio se cuadriplicó entre la década de 1980 al 2000.

Procrastinar significa posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes pero que son irrelevantes.

Lo más seguro es que tu hayas padecido de este mal, que inicia con una leve sensación de no querer hacer nada. Sabes que tienes responsabilidades y asuntos pendientes, pero prefieres dar clic aquí y allá en tu PC, o bien, seguir pasando canales en el televisor. Los efectos de este contagio varían de persona en persona.

La palabra procrastinar describe a esa actitud de posponer y posponer las tareas, entregándose al placer de realizar otras cosas. Es el caso de esa receta de cocina que te propusiste a hacer, pero que al final sustituiste pidiendo una pizza por teléfono. O el quedarte durmiendo cuando querías ejercitarte.

El número de ejemplos es enorme. Ahora mismo, puede que estés leyendo este artículo mientras tengas pendiente ir a lavar la losa, recoger la ropa seca o ir a realizar las compras en el supermercado.

¿A qué se debe?

El procrastinar de se debe a varios factores. El primer factor es precisamente la rutina. Tu cuerpo y tu mente se acostumbran a realizar ciertas actividades en su vida cotidiana y siempre estás predispuesto a vivir el mismo ciclo. Cuando aparece una responsabilidad, ésta se convierte en un enemigo de dicha vida pacífica.

Existen varios factores que pueden provocarlo como la rutina.

El otro factor tiene que ver precisamente con la dopamina que libera tu cerebro cuando te sumerges en dicha rutina, también con las diferentes vías en que estimulas ese ciclo. De ese modo, tu cuerpo compensa el esfuerzo que tienes que realizar al ejercitarte, con pasar una o dos horas más viendo la pantalla de tu smartphone.

Lo que ocurre es que tu mente negocia los hábitos tradicionales, con las tareas que te exigen salir de esa rutina. Y es ahí donde empieza esa batalla, donde te refugias en lo más fácil, en lo que ya sabes que te garantiza esas dosis de dopamina, aunque sea en bajas proporciones.

¿A quienes puede afectar?

La procrastinación causa sufrimiento en quien la padece ya que es considerada uno de los peores enemigos de la productividad y la organización  

El asunto es que más allá de permanecer en esa rutina, se encuentra el factor de subestimar la recompensa que puedes obtener en caso de atreverte a realizar eso que tienes pendiente. De acuerdo al Premio Nobel de Economía George Akerlof, el procrastinar es un “impulso natural de los seres humanos”.

Es decir, es algo instintivo en la naturaleza de toda persona, más allá de ser un mal hábito. Esto quiere decir que todas las personas son propensas a procrastinar, aunque algunas estén más expuestas a hacerlo, como aquellas que tienen mucho tiempo libre o no tienen rutinas de trabajo exigentes.

El factor del Internet incrementó este fenómeno, porque es una opción divertida que estimula la liberación de tu dopamina en bajas proporciones. Por lo mismo, los que más se ven afectados hoy en día por este problema son las personas jóvenes, que aún desconocen la importancia de la disciplina y los pequeños compromisos.

Métodos para evitarlo

Si quieres decirle adiós al procrastinar, he aquí algunos consejos a tener presentes:

Revalorar el compromiso:

Es importante que aprendas a reconocer qué tan importante es para ti esa otra actividad. Estudia a fondo y saborea en tu mente, todos los beneficios que obtendrás al cumplir con esa salida al gimnasio o el simple hecho de ordenar tu casa.

Administrar bien el tiempo:

Aprende a optimizar tu tiempo y reconocer que todo tiene su momento. Entre más tengas en claro cuáles son las tareas a cumplir y en qué tiempo efectuarlas, más lejos estarás de perder tiempo procrastinando.

Respetar los espacios de descanso:

Tienes que cambiar tu mentalidad frente a lo que son los periodos de ocio y descanso. Es prudente establecer horarios o tiempos determinados para tus momentos de lúdica. Si quieres ver televisión, entonces establece un tiempo determinado y respeta el momento en que culmina.

Premiarte:

Para que puedas desplazar el efecto de las dopaminas en tus hábitos rutinarios, la idea es que establezcas un premio que te motive a efectuar tu actividad pendiente. ¿Tienes que salir a una entidad bancaria a realizar una diligencia? Puedes motivarte diciéndote que tras cumplida la labor te premiarás con un helado.

Analiza tus distracciones:

Aprende a descubrir que tan positivas o negativas son esas distracciones. Ponte a considerar cuanto tiempo pierdes a diario frente a esa pantallita de tu teléfono móvil. Analiza que tan productivo te resulta estar durante horas navegando y navegando curiosidades en Internet.

De ese modo podrás ser sensato y entender cómo esas distracciones te están absorbiendo.

No te castigues:

A veces puedes ocurrir que moralmente te sientas mal por el tiempo perdido que invertiste en procrastinar. En vez de lamentarte y quedarte sufriendo, lo mejor es reflexionar y revalorar sobre lo que estás fallando.

Ayuda profesional:

En el caso de que sientas que el procrastinar devora tu estilo de vida y realmente empiezas a no ser coherente con tus responsabilidades, entonces acude a la ayuda de un psicólogo o psiquiatra que te permita entender a fondo esta situación.

En algunos casos, pueden llegar a recetarte medicamentos para que se regule tu ansiedad y puedas tener en claro tus ideas.

Procrastinar es una forma de evadir, usando otras actividades como refugio para no enfrentar una responsabilidad, una acción o una decisión que debemos tomar.

Procrastinar es entonces una cuestión cuya raíz principal depende de cómo se asume la administración acertadamente el tiempo. No hay nada malo en entretenerse con las actividades rutinarias que delimitan nuestra zona de confort, pero si es necesario ser responsable y asumir esas otras tareas que hacen parte de la Vida misma.

Tareas que pueden resultar odiosas, pero que una vez decides completarlas, tienen mucho que aportarte. ¡Cambia entonces tu perspectiva de entender tu zona de confort y asume con gusto tus responsabilidades!

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